Hace días que vengo pensando en algo tan importante y a su
vez tan cotidiano como la vida. No es un tema muy original, seguro pensarán;
por otro lado el titulo de este articulo es “Aprender” y empiezo escribiendo de
la vida… pero, ¿cómo aprendemos? ¿qué nos enseña más que vivir? El diccionario de la Real academia Española
define aprender de tres formas:
·
Adquirir el conocimiento de algo por medio del
estudio o de la experiencia.
·
Concebir algo por meras apariencias o con poco
fundamento.
·
Tomar algo en la memoria.
Me
quedo con la primer definición, la que habla de la experiencia … y es la vida
la mejor maestra… lo que vivimos, las cosas malas y buenas y la capacidad que
cada uno tiene de aprender, lo importante es si sabemos hacerlo. ¿Qué nos
enseña la vida?, muchas cosas: a aprender si nos hemos equivocado, aprender de
los demás, aprender a no juzgar, aprender a no etiquetar, aprender que el mundo
es redondo, un día estamos arriba y al otro abajo, aprender que la tristeza no
es lo mismo que la depresión, aprender lo que es la empatía, ponerse en el
lugar del otro, aprender que las cosas pequeñas, las que muchas veces pasan
desapercibidas son las importantes,
aprender a apreciar al que tenemos a nuestro lado, no sabemos lo que mañana
pasará, aprender a decir lo que sentimos, aprender a ir de frente, aprender que
la hipocresía es la cualidad más baja y no se le puede llamar “cualidad”,
aprender que no estamos solos, aunque nos sintamos solos (esto no es una
contradicción),aprender a estar cuando nos necesitan, aprender a luchar, aunque
las fuerzas fallen, aprender a levantarnos cada vez que nos caemos, aprender
que es normal equivocarse, nosotros y los que nos rodean, por eso no pensemos
que hicieron algo para dañarnos…no se dieron cuenta, aprender el valor que
tiene un amigo, aprender que la vida nos quita pero nos da más, aprender a
apreciar al viejo, nos puede enseñar, aprender a querer y comprender al joven,
aprender de lo que nos rodea, la creación, cada día nos enseña algo nuevo y
muchas veces un animal es mejor que un ser humano...solo basta mirar a tu
perro, si lo tienes, no te pide nada y te da mucho, aprender a dar que da más
felicidad que recibir, aprender que, en determinado momento de la vida, cuando
miramos atrás nos damos cuenta que equivocados o no dejamos huella, aprender
que somos valiosos, aprender que segamos lo que sembramos, aprender que podemos
mejorar siempre ,aprender, aprender …cada día nos deja una enseñanza, en
nosotros está no dejarla pasar …
Comparto
un relato con ustedes…y después una reflexión:
“Carlos
había vivido gran parte de su vida con intensidad y gozo. De alguna manera su
intuición lo había guiado cuando su inteligencia fallaba en mostrarle el mejor
camino.
Casi
todo el tiempo se sentía en paz y feliz; ensombrecía su ánimo, algunas veces,
esa sensación de estar demasiado en función de sí mismo.
Él
había aprendido a hacerse cargo de si y amaba suficientemente como para
intentar procurarse las mejores cosas. Sabía que hacía todo lo posible para
cuidarse de no dañar a los demás especialmente
a aquellos de sus afectos. Quizás por eso le dolían tanto los
señalamientos injustos, la envidia de los otros o las acusaciones de egoísta
que recogía demasiado frecuentemente de boca de extraños y conocidos.
¿Alcanzaba
para darle significado a su vida la búsqueda de su propio placer?
¿Soportaba
él mismo definirse como hedonista centrando su existencia en su satisfacción
individual?
¿Cómo
armonizar estos sentimientos de goce personal con sus concepciones éticas, con sus creencias religiosas, con
todo lo que el había aprendido de sus mayores?
¿Qué
sentido tenía una vida que solo se significaba a si misma?
Ese
día, más que otros, esos pensamientos lo abrumaron.
Quizás
debía irse. Partir. Dejar lo que tenía en manos de los otros. Repartir lo
cosechado y dejarlo de legado para, aunque sea en ausencia, ser en los demás un
buen recuerdo.
En
otro país, en otro pueblo, en otro lugar, con otra gente, podría empezar de
nuevo. Una vida diferente, una vida de servicio a los demás, una vida
solidaria.
Debía
tomarse el tiempo de reflexionar sobre el presente y sobre su futuro.
Carlos
puso unas pocas cosas en su mochila y partió en dirección al monte.
Le
habían contado del silencio de la cima y de cómo la vista del valle fértil
ayudaba a poner en orden los pensamientos de quien hasta allí llegaba.
En
el punto más alto del monte giro para mirar su ciudad quizás por última vez.
Atardecía
y el poblado se veía hermoso desde allí.
-Pues por una moneda te alquilo el catalejo.
Era la voz de un viejo que apareció desde la nada con un
pequeño telescopio plegable entre sus manos y que ahora le ofrecía con una mano
mientras con la otra tendida hacia arriba reclamaba su moneda.
Carlos encontró en su bolsillo la moneda buscada y se la dio
al viejo que desplegó el catalejo y se lo alcanzó.
Después de un rato de mirar consiguió ubicar su barrio, la
plaza y hasta la escuela frente a ella.
Algo llamó su atención. Un punto dorado brillaba
intensamente en el patio del antiguo edificio.
Carlos separó sus ojos del lente, parpadeó algunas veces y
volvió a mirar. El punto dorado seguía allí.
-Que raro- exclamó Carlos sin darse cuenta de que hablaba en
voz alta.
-¿Qué es lo raro?-preguntó el viejo.
-El punto brillante- dijo Carlos-ahí en el patio de la
escuela-siguió, alcanzándole el telescopio para que viera lo que él veía.
- Son huellas- dijo el anciano.
- ¿Qué huellas?- preguntó Carlos.
- Te acuerdas de aquel día … debías tener siete años; tu
amigo de la infancia, Javier, lloraba desconsolado en ese patio de la escuela.
Su madre le había dado unas monedas para comprar un lápiz para el primer día de
clases. Él había perdido el dinero y lloraba a mares- contestó el viejo-. Y
después de una pausa siguió- ¿Te acuerdas de lo que hiciste? Tenías un lápiz
nuevito que estrenarías ese día. Te
arrimaste al portón de entrada y cortaste el lápiz en dos partes iguales,
sacaste punta a la mitad cortada y le diste el lápiz nuevo a Javier.
-No me acordaba- dijo
Carlos- Pero eso ¿Qué tiene ver con el
punto brillante?
-Javier nunca olvidó ese gesto y ese recuerdo se volvió muy
importante en su vida.
- ¿Y?
- Hay acciones en la vida de uno que dejan huellas en la
vida de otros – explicó el viejo-, las acciones que contribuyen al desarrollo
de los demás quedan marcadas como huellas doradas…
Volvió a mirar por el telescopio y vio otro punto brillante
en la vereda a la salida del colegio.
-Ese es el día que saliste a defender a Pancho, ¿te
acuerdas? Volviste a casa con un ojo morado y un bolsillo del guardapolvo
arrancado.
Carlos miraba la ciudad.
-Ese que está ahí en el centro- siguió el viejo- es el
trabajo que le conseguiste a Don Pedro cuando lo despidieron de la fábrica … y
el otro, el de la derecha, es la huella de aquella vez que juntaste el dinero
que hacía falta para la operación del hijo de Ramirez… las huellas esas que
salen a la izquierda son de cuando volviste del viaje porque la madre de tu
amigo Juan había muerto y quisiste estar con él.
Apartó la vista del telescopio y sin necesidad de él empezó
a ver como miles de puntos dorados aparecían desparramados por toda la ciudad.
Al terminar de ocultarse el sol, todo el pueblo parecía
iluminado por sus huellas doradas.
Carlos sintió que podía regresar sereno a su casa.
Su vida comenzaba, de nuevo, desde un lugar distinto.”
Y ahora la reflexión:
“Que aprendan que lo más valioso no es lo que tienen en sus
vidas, sino a quien tienen en sus vidas.
Que aprendan que no es bueno compararse con los demás porque
siempre habrá alguien mejor o peor que ellos.
Que aprendan que no pueden hacer que alguien los ame, lo que
pueden hacer es dejarse amar.
Que aprendan que “rico” no es el que más tiene, sino el que
menos necesita.
Que aprendan que deben controlar sus actitudes o sus
actitudes los controlarán.
Que aprendan que hay gente que los quiere mucho, pero
simplemente no saben como demostrarlo.
Que aprendan que los grandes sueños no requieren de grandes
alas sino de un tren de aterrizaje para lograrlos.
Que aprendan que no siempre es suficiente ser perdonados por
otros, algunas veces deben perdonarse a si mismos.
Que aprendan que la felicidad no es cuestión de suerte sino
producto de decisiones.
Que aprendan que dos personas pueden mirar una misma cosa y
ver algo totalmente diferente.
Que aprendan que, al retener a la fuerza a las personas que
aman, las alejan más rápidamente, de
ellos y, al dejarlas ir, las tienen para siempre a su lado.
Que aprendan que amar y querer no son sinónimos sino
antónimos: el querer lo exige todo, el amar lo entrega todo.
Que aprendan que toma años construir la confianza y sólo
segundos destruirla …”
Así esta el mundo amigos… debemos seguir aprendiendo…solo
tenemos que mirar a nuestro alrededor con humildad.
Los quiero.
Homero