jueves, 21 de junio de 2012

SE SIEGA LO QUE SE SIEMBRA


Pensando en voz alta...   sobre una ley de la naturaleza, que podemos aplicar a nuestras vidas.
Al terminar este artículo compartiré con ustedes un cuento, no sin antes reflexionar sobre esta ley que nos aplica en cada momento de nuestras vidas.  Lo vemos siempre a nuestro alrededor, plantamos un naranjo, no crece un manzano, sembramos trigo, no crece girasol…
Es ahora que pensando en voz alta y en mi... ¿qué he sembrado a través de mi vida? ¿Qué he segado o cosechado?
Lo primero que debo decir que ya no se puede retroceder el tiempo para “sembrar” algo diferente, en otra palabras  hacer lo que no hicimos, tomar decisiones diferentes a las que hemos tomado y tratar dentro de lo posible de no culparnos, si después de años, con más experiencia y madurez nos damos cuenta que la “cosecha” en muchos aspectos de la vida las cosas no es la que deseábamos. Por otro lado es bueno pensar que lo que hicimos, aún si nos equivocamos, lo hemos hecho con la mejor intención y pensando que estábamos haciendo lo correcto.
En lo que a mis respecta “sembraría” lo mismo que he “sembrado” a través de mi vida. Volvería a casarme con la misma mujer que me acompañó por más de 27 años, volvería a tener los mismos hijos y aunque muchas veces me equivoqué  y reiterando lo que dije antes volvería a tomar las mismas decisiones.
Otra cosa diferente es lo que estoy “cosechando” , parte de esa cosecha duele… aunque tengo que decir que la mayoría de las cosas que veo en esa “cosecha” son buenas,  3 hijos preciosos, unidos, buenos esposos y esposas, buenos jóvenes , hombres y mujeres, dignos hijos de mi esposa, que a su vez, la vida les va enseñando… ellos están sembrando…su cosecha vendrá en el futuro y seguro llegarán a la misma conclusión que yo…  hemos hecho lo que creíamos era lo mejor.
Ahora un relato que ilustra lo escrito:
“LA SEMILLA DE MANGO”.
Había una vez un señor que sembró una semilla de mango en el patio de su casa. Todas las tardes la regaba con cariño y repetía con verdadera devoción:
-Que me salga durazno, que me salga durazno…
Y llego a convencerse de que pronto iba a tener un árbol de duraznos en el patio de su casa.
Una tarde vio con emoción que la tierra se estaba cuarteando y que una cabecita verde pujaba por salir a la búsqueda de los rayos de sol. Al día siguiente, en el patio de su casa, asistió emocionado al milagro del nacimiento de una vida.
-Me nació el árbol de duraznos- dijo el hombre con satisfacción y orgullo.
Hasta se puso imaginar que en unos años la familia podría disfrutar de unas suculentas cosechas de duraznos. En las tardes, mientras cuidaba y atendía con cariño a su árbol, le hablaba como a un hijo y le decía:
-Tienes que ser un verdadero árbol de duraznos; bien distinto y diferente a esos árboles de mangos populacheros que crecen silvestres y que, en época de cosecha, llenan los patios de las casas.
El árbol fue creciendo y un día el hombre vio, primero con duda, después con incredulidad y desconcierto, que lo que estaba creciendo en el patio de su casa no era un árbol de duraznos sino un árbol de mangos. El hombre dijo con despecho y tristeza:
-No entiendo cómo me pudo pasar esto a mí, tanto que le dije que fuera durazno y me salió mango.
Y es que se recoge lo que se siembra
Así esta el mundo amigos… continuemos sembrando...quiere decir que a pesar de todo y de todos seguimos adelante.  Los quiero.

Homero.

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