jueves, 21 de junio de 2012

EMIGRAR


Hoy estoy  pensando en voz alta, recordando que hace 10 años con mi familia tuve que dejar mi país, en otras palabras tuvimos que emigrar, dejar el lugar donde nacimos, donde crecimos, dejamos atrás gente querida, amigos, familia… unos amigos que nos visitaron nos dijeron algo que jamás olvidaré: - Han dejado la mitad de sus corazones allí, estén seguros que aquí encontrarán la otra mitad para cuidarlos y ayudarlos.
No todos los que algún día emigraron tuvieron la “suerte” (uso esta palabra aunque no creo en ella) de ser recibidos así, quienes lo han hecho seguro compartirán conmigo lo que escribiré en este artículo.
Este fenómeno de emigrar no es cosa de nuestros tiempos. Nuestros antepasados, abuelos, bisabuelos, tuvieron que dejar sus países, en mi caso países europeos, para viajar a América huyendo de la miseria causada por las guerras buscando un futuro mejor para sus familias. En un articulo anterior al que titulé “Lo que soy”, les cuento que soy descendiente de italianos, escoceses, vascos franceses, gallegos, como la mayoría de los que vivimos en países como Uruguay y Argentina. Para aquellos emigrantes la vida no fue nada fácil, mi bisabuelo paterno fue uno de los primeros sastres que vivieron en Uruguay, murió joven por lo que mi abuelo tuvo que hacerse cargo del negocio y lo más importante de su madre y dos hermanos, en ese momento estudiaba medicina, con mucho sacrificio estudió enfermería y con 40 años se recibió de medico. La abuela de mi esposa llegó muy joven, primero a Argentina, posteriormente se trasladaron a Uruguay, siempre contaba los sacrificios que hizo su familia trabajando el campo, ella cocinando para su numerosa familia, comiendo lo que había, no se podía elegir… Y así podría contarles centenares de casos de gente que a través del tiempo emigraron tratando de huir de la pobreza extrema, la guerra, de gobiernos intolerantes, dictaduras. Lo más importante que la mayoría formó sus familias en sus países de adopción, salieron adelante, formaron raíces y en muchos casos jamás volvieron a sus países de origen.
Como la escena del mundo cambia a muchos de sus descendientes nos tocó emigrar, en tiempos diferentes, enfrentándonos a circunstancias diferentes, problemas diferentes, pero no esfuerzos diferentes. Hoy para emigrar debes tener tu documentación en regla, las fronteras hoy son más exigentes que las de principios del siglo XX, y la gente que nos recibe, en muchos casos, se han olvidado que un día ellos, también, o sus antepasados tuvieron que emigrar.
Isabel Allende, una de mis escritoras favoritas, emigrante, dejó su país de origen, Chile, con su familia, en momentos políticos complicados, viviendo actualmente en Estados Unidos, California,  dice en su libro “Paula”, que dedica a su hija fallecida, una verdad que siempre tengo presente: “Aprendí pronto que al emigrar se pierden las muletas que han servido de sostén hasta entonces, hay que comenzar de cero, porque el pasado se borra de un plumazo y nadie le importa de donde uno viene o que ha hecho antes”.
No puedo generalizar, gracias a Dios, como dije al principio, muchos tenemos el privilegio de tener amigos, amigos que son tan apegados como una familia, que nos ayudan y hacen más fácil la adaptación a un país diferente, nos ayudan con las costumbres diferentes, en muchos casos con el idioma, nos apoyan… pero no todos tienen ese privilegio. Muchos viajan kilómetros a pie, en medio de desiertos, luego por mar en las conocidas “pateras”, pequeñas embarcaciones que llenan de personas, madres con sus hijos pequeños, embarazadas, jóvenes con la ilusión de lograr una vida mejor (en muchos casos elegidos por sus pueblos por ser los mejores preparados lo que les permitirá traer al país elegido a sus familias, si es que lo logran), la mayoría de esas precarias embarcaciones no llegan a destino, y esos viajes se transforman en tragedias.
Emigrar, también, se ha transformado, o mejor dicho, lo han transformado en un negocio por gente sin escrúpulos que lucran con la necesidad de las personas, cobrando elevadas sumas de dinero y prometiendo cosas imposible de cumplir, cosas que los que emigran y pagan cuando llegan a su destino(si llegan) descubren que fueron victimas de estafas y mentiras y que además deben devolver el dinero, que la mayoría de las veces obtuvieron prestado, trabajando en trabajos denigrantes, prostitución, mendigando, robando, ya que anteriormente se les despojó de sus documentos como garantía por el dinero que se les dejó para viajar.
Así es, en este mundo se lucra con la necesidad de la gente, no voy a entrar en consideraciones políticas, pero si diré que no son los gobiernos los que solucionarán estos problemas…
Gracias a Dios mi familia y yo encontramos en nuestro país de adopción, amigos, familias, las  raíces se fueron formando, nuestros hijos formaron sus familias y como nos dijeron los amigos que mencioné al principio la otra mitad de nuestro corazón se ocupó con el amor de la gente que nos rodeó, no fue fácil, ni lo es, también aquí murió mi querida esposa… en esos momentos tan difíciles pudimos experimentar el amor de nuestra gran familia de adopción, el apoyo de aquel que mira desde lo alto que nos dio las fuerzas para seguir…No se lo que el futuro traerá, quien sabe si las circunstancias, que cada día cambian, hacen que algún día nos lleven nuevamente a nuestro país de origen… muchos de los que un día llegaron regresaron, en fin,cada día traerá sus inquietudes, las enfrentaremos cuando lleguen.
El día que las fronteras que separan los países, las razas, no existan… no necesitaremos emigrar…
Por ahora, así esta el mundo queridos amigos.
Los quiero.

Homero

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