Hoy
estoy pensando en voz alta, recordando
que hace 10 años con mi familia tuve que dejar mi país, en otras palabras
tuvimos que emigrar, dejar el lugar donde nacimos, donde crecimos, dejamos
atrás gente querida, amigos, familia… unos amigos que nos visitaron nos dijeron
algo que jamás olvidaré: - Han dejado la mitad de sus corazones allí, estén
seguros que aquí encontrarán la otra mitad para cuidarlos y ayudarlos.
No todos
los que algún día emigraron tuvieron la “suerte” (uso esta palabra aunque no
creo en ella) de ser recibidos así, quienes lo han hecho seguro compartirán
conmigo lo que escribiré en este artículo.
Este
fenómeno de emigrar no es cosa de nuestros tiempos. Nuestros antepasados,
abuelos, bisabuelos, tuvieron que dejar sus países, en mi caso países europeos,
para viajar a América huyendo de la miseria causada por las guerras buscando un
futuro mejor para sus familias. En un articulo anterior al que titulé “Lo que
soy”, les cuento que soy descendiente de italianos, escoceses, vascos
franceses, gallegos, como la mayoría de los que vivimos en países como Uruguay
y Argentina. Para aquellos emigrantes la vida no fue nada fácil, mi bisabuelo
paterno fue uno de los primeros sastres que vivieron en Uruguay, murió joven
por lo que mi abuelo tuvo que hacerse cargo del negocio y lo más importante de
su madre y dos hermanos, en ese momento estudiaba medicina, con mucho
sacrificio estudió enfermería y con 40 años se recibió de medico. La abuela de
mi esposa llegó muy joven, primero a Argentina, posteriormente se trasladaron a
Uruguay, siempre contaba los sacrificios que hizo su familia trabajando el
campo, ella cocinando para su numerosa familia, comiendo lo que había, no se podía
elegir… Y así podría contarles centenares de casos de gente que a través del
tiempo emigraron tratando de huir de la pobreza extrema, la guerra, de
gobiernos intolerantes, dictaduras. Lo más importante que la mayoría formó sus
familias en sus países de adopción, salieron adelante, formaron raíces y en
muchos casos jamás volvieron a sus países de origen.
Como la
escena del mundo cambia a muchos de sus descendientes nos tocó emigrar, en
tiempos diferentes, enfrentándonos a circunstancias diferentes, problemas
diferentes, pero no esfuerzos diferentes. Hoy para emigrar debes tener tu
documentación en regla, las fronteras hoy son más exigentes que las de
principios del siglo XX, y la gente que nos recibe, en muchos casos, se han olvidado que un día
ellos, también, o sus antepasados tuvieron que emigrar.
Isabel
Allende, una de mis escritoras favoritas, emigrante, dejó su país de origen,
Chile, con su familia, en momentos políticos complicados, viviendo actualmente
en Estados Unidos, California, dice en
su libro “Paula”, que dedica a su hija fallecida, una verdad que siempre tengo
presente: “Aprendí pronto que al emigrar se pierden las muletas que han servido
de sostén hasta entonces, hay que comenzar de cero, porque el pasado se borra
de un plumazo y nadie le importa de donde uno viene o que ha hecho antes”.
No puedo
generalizar, gracias a Dios, como dije al principio, muchos tenemos el
privilegio de tener amigos, amigos que son tan apegados como una familia, que
nos ayudan y hacen más fácil la adaptación a un país diferente, nos ayudan con
las costumbres diferentes, en muchos casos con el idioma, nos apoyan… pero no
todos tienen ese privilegio. Muchos viajan kilómetros a pie, en medio de
desiertos, luego por mar en las conocidas “pateras”, pequeñas embarcaciones que
llenan de personas, madres con sus hijos pequeños, embarazadas, jóvenes con la
ilusión de lograr una vida mejor (en muchos casos elegidos por sus pueblos por ser los mejores preparados lo que les permitirá traer al país elegido a sus
familias, si es que lo logran), la mayoría de esas precarias embarcaciones no llegan a destino, y
esos viajes se transforman en tragedias.
Emigrar,
también, se ha transformado, o mejor dicho, lo han transformado en un negocio
por gente sin escrúpulos que lucran con la necesidad de las personas, cobrando
elevadas sumas de dinero y prometiendo cosas imposible de cumplir, cosas que
los que emigran y pagan cuando llegan a su destino(si llegan) descubren que
fueron victimas de estafas y mentiras y que además deben devolver el dinero,
que la mayoría de las veces obtuvieron prestado, trabajando en trabajos denigrantes,
prostitución, mendigando, robando, ya que anteriormente se les despojó de sus
documentos como garantía por el dinero que se les dejó para viajar.
Así es,
en este mundo se lucra con la necesidad de la gente, no voy a entrar en
consideraciones políticas, pero si diré que no son los gobiernos los que
solucionarán estos problemas…
Gracias
a Dios mi familia y yo encontramos en nuestro país de adopción, amigos,
familias, las raíces se fueron formando,
nuestros hijos formaron sus familias y como nos dijeron los amigos que mencioné
al principio la otra mitad de nuestro corazón se ocupó con el amor de la gente
que nos rodeó, no fue fácil, ni lo es, también aquí murió mi querida esposa… en
esos momentos tan difíciles pudimos experimentar el amor de nuestra gran
familia de adopción, el apoyo de aquel que mira desde lo alto que nos dio las
fuerzas para seguir…No se lo que el futuro traerá, quien sabe si las
circunstancias, que cada día cambian, hacen que algún día nos lleven nuevamente a nuestro país de origen… muchos de los que un día llegaron
regresaron, en fin,cada día traerá sus inquietudes, las enfrentaremos cuando
lleguen.
El día
que las fronteras que separan los países, las razas, no existan… no
necesitaremos emigrar…
Por
ahora, así esta el mundo queridos amigos.
Los
quiero.
Homero